martes, junio 29, 2004
Cigarrillos 

Estaba esperando el ómnibus y prendí un cigarrillo. Apareció un señor todo vestido de negro, con otro cigarrillo en la mano y me comentó el hecho de que el faso es compañero. Claro, asentí. No estaba con muchas ganas de conversar. Tengo ochenta años -me dijo- y el faso nunca me hizo mal. Le sonreí y seguí con la vista fija en el horizonte a la espera del bólido blanco que me llevaría al trabajo.

Aparece un ómnibus, el hombre tira la colilla y se sube. Dos minutos después aparece Doña Clara. ¿Todo bien Doña Clara? Sí. Estoy esperando Pituba –le dije-, está demorando más que nunca. ¿Ud. espera Pituba también? No, cualquiera hasta el Largo de Roma, voy a visitar a un amigo al suburbio, está muy enfermo, terminal. ¿Sí? ¿Y es muy joven? Sí, es joven, debe tener cincuentaicinco años, como yo más o menos. ¿Y qué enfermedad tiene? Cáncer. Tragué saliva. ¿Cáncer de qué Doña Clara? De pulmón. Tragué saliva de nuevo y tiré el cigarro que tenía en la mano mientras Doña Clara atendía una llamada en el celular.

Pero éste, el que tengo en la mano ahora, prefiero terminarlo.

por LDD @ 12:13 PM12:53 a. m.