miércoles, agosto 18, 2004
Fondo Negro 

Estoy en la soledad de mi habitación, desnudo, rodeado de demonios, fantasmas y recuerdos, donde me entrego a mí mismo, a mi verdugo interno, soy capaz de llorar y el llanto es contorneado por el silencio, un silencio cargado y denso, donde santos y dioses tienen vedado el acceso.

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Con dios hicimos un trato de convivencia. Yo no voy a su casa, pero él tampoco entra en mi cuarto.

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Lo de los tratos de convivencia lo aprendí de un amigo.

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Armando Vera, mi hermano de vida (no de sangre), en algún cuarto él había alquilado en San Telmo, mientras tomábamos algunas latas de Budweisser, me dijo: ¿ves esas cucarachas que van por las paredes? Sí ¿no te molestaría que alguna de ellas por la noche te camine por la cara o por el cuerpo?, le respondí (él dormía con su colchón en el piso, lo que aumentaba las probabilidades de que ocurriera). Sin dudas que me molestaría, dijo. ¿Por qué no las matás entonces? Porque hicimos un trato. Un día les dije: "Yo no las voy a matar. Pero ustedes no me molesten a mí durante la noche". Y es así que él descansaba tranquilo. Posiblemente las cucarachas se habrán subido a su cuerpo varias veces, pero él dormía profundamente y convencido de que jamás había acontecido.

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Así somos nosotros, los viejos axiomas los tomamos como una verdad, ya están construídos, son a medida y listos para estrenar.

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Y a veces se ven bonitos.

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A veces es mucho más cómodo creer en ellos, nos ofrecen un rumbo, una fórmula que nos prepara para vivir en sociedad: nacer, ir a la escuela, ingresar a la universidad, recibirse, trabajar, casarse, tener celular, tarjeta de crédito, televisión y DVD, tener hijos, ir al shopping y al supermercado, envejecer y morir.

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El gran problema lo tenemos, los que no creemos en eso. Yo no compré ese paquete, y eso que me ofrecieron descuentos excepcionales.

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Que nadie que no conozca venga a decirme que aquí "está todo bien". A veces no lo dicen con palabras, sino con actitudes. No tengo otro remedio que detestar a esas personas, defenestrarlas de mi autenticidad. Sí, porque yo no puedo explicarle nada a nadie, con los terráqueos hablo en terráqueo y con los marcianos hablo en marciano. Si yo hablara en mi lenguaje, no nos entenderíamos.

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Pero sólo lo justo y necesario, no tengo demasiado tiempo. Ya lo había dicho: yo no discuto con nadie "en el bar". Asiento todo con una sonrisa, cuanto más idiota esa sonrisa, mejor me siento.

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Pero cuando hablo, hablo. Y sólo una vez. Y sólo digo una frase, un bocado, luego sigo asintiendo todo, sin responder y con la misma sonrisa estúpida. Algunas personas me tildan de "ácido". Mejor halago no podría haber recibido.

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Me voy a dormir, hasta mañana.

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por LDD @ 12:13 PM12:49 a. m.